Espiral de confusión I
HacÃa algunos minutos que ya no sentÃa dolor, y liberado del lastre corporal que no le dejaba pensar, se sintió alarmantemente aliviado.
No tenÃa fuerzas suficientes para parpadear, pero su mente movida por el motor del alma, procesaba a máxima velocidad, una nube de pensamientos aparentemente caóticos. Imágenes, recuerdos, preguntas y reflexiones, se imponÃan unos a otros en el momento más lúcido que hasta ahora habÃa vivido, buscando en su interior la razón, para que una persona como él, acabe apuñalada.
De forma inesperada un pensamiento espontáneo saltó al ruedo de su cabeza, y su conciencia, público de excepción de esta faena, comprendió que ese fue el motivo para un final tan triste.
Fue en una calurosa noche de agosto. El campanario que se divisaba desde la ventana del cuarto que usaba de despacho, acababa de anunciar la media noche, todo era silencio y quietud en aquel pueblecito del extraradio de Madrid.
Se habÃa comprometido a entregar un trabajo para un cliente y aunque le dieran las cinco de la mañana, Marcos entregarÃa su trabajo a tiempo. Siempre habÃa sido un cumplidor. CumplÃa con sus compromisos laborales, cumplÃa con hacienda, cumplÃa con la iglesia e incluso cumplÃa con su mujer, ya que hacÃa tiempo que no la querÃa.
Unas voces a lo lejos hicieron que sus ojos apuntaran hacia un grupo de jóvenes, que al otro lado de la carretera, discutÃan acaloradamente. No se consideraba un mirón, pero con la soltura de quien tantas otras veces, en onanista actitud, habÃa observado a furtivas parejas desatando su pasión en el descampado, apagó las luces de la habitación, cerró la pantalla del ordenador y agazapado en la seguridad de la oscuridad, se dispuso a espiar la grotesca escena que ante él se representaba.
- Déjalo ya!- dijo Marta cumpliendo con el rol de sensatez que cumplÃa en la pandilla- ¿No ves que está borracho?
- ¿Que lo deje? - contestó Daniel - voy a matar a ese cabrón.
- Por Dios Maika! Dile algo- gritó Marta a su amiga, que lejos de intervenir parecÃa disfrutar, viendo como su particular caballero andante defendÃa el honor de su dama. Ya habÃa jugado a este juego otras veces, pero quizás hoy se le fue la mano. La mezcla de cocaÃna y alcohol impidió que pudiera diferenciar donde estaba el lÃmite, y acabó besándose con el más borracho del bar en el servicio de caballeros.
- Habla con tu piba que le encanta tontear! - Exclamaba el patético rival de Daniel que, mientras intentaba zafarse de la muralla compuesta por Pedro y Raúl, luchaba con su propio cuerpo para no perder el equilibrio.- Si tienes novio no te lÃes con otro tÃo, cacho de puta!
Esta última frase encendió la mecha de la oportunidad en Luis, el mejor amigo de Daniel. Se conocÃan desde hacÃa tanto tiempo que ya no recordaba cuánto, igual que no recordaba la primera vez que falló a éste como amigo, y aunque aquella vez juró que no lo volverÃa a hacer, lo cierto es que llevaba más de tres años acostándose con Maika a espaldas de Daniel. Tres años de un destructivo amor de rapiña que vivÃa en los rescoldos de la llama de la pasión ajena, y asà aprovechando las discusiones y debilidades que como cualquier pareja tenÃan, iba cercenando la relación todo lo que podÃa, sirviéndose de Daniel como escalón que pisar para ascender al corazón de Maika.
- ¿Vas a dejar que la insulte asÃ?- dijo mirando a Daniel con actitud desafiante - Si fuera mi novia se iba a enterar ese mierda! -insistió encerrando entre lÃneas su verdadero deseo. - ¿Que te pasa?¿es que no tienes huevos para…
- ¿Por qué no te callas? - le interrumpió Marta parafraseando al mismÃsimo rey Juan Carlos.- Nos estáis jodiendo la fiesta a todos, vámonos a tomar una copa y pasad del tema, que sois lamentables.
Pero al consejo de Marta se le quedó la misma cara que se te queda, cuando estás en la parada del autobús y no para porque va lleno, ya que a estas alturas, Daniel corrÃa hacia su destino con el orgullo y la ira gobernando su voluntad a partes iguales.
El tiempo se detuvo un instante y el ruido seco del puño de Daniel golpeando el mentón del desdichado, retumbó en el vacÃo de la noche. El jaleo de conversaciones cesó por completo y como los pájaros que huyen en desbandada al sonido del disparo, todos salieron en apresurada y silenciosa procesión para confundirse entre las sombras, más allá de la carretera.
¿Que ha pasado?¿Por qué salen todos corriendo? - pensó Marcos sin quitar la vista de encima al cuerpo de aquel chico, buscando un movimiento, aunque fuera leve, que indicara que seguÃa con vida. Instintivamente buscó a tientas el móvil en la mesa. - Tengo que avisar a la PolicÃa, ¿estará muerto?.
Los minutos corrÃan contra su deber de buen ciudadano, y con cada movimiento de la manilla grande del reloj del campanario, se sentÃa peor.
¿Y si me han visto?…… tendré que ir a testificar… saben donde vivo.- cabilaba inmerso en una de esas decisiones, que parecen vitales para quien las toma, pero carecen de peso especÃfico para el destino, si ya ha tomado su decisión.
Finalmente abrió el móvil y marco el 112.
- Servicio de emergencias 112, no se retire le atenderemos en breves momentos…
Volvió su mirada de nuevo al cuerpo tendido, mientras esperaba a que le atendieran, pero allà ya no habÃa nada.
Espiral de confusión II
Espiral de confusión III
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